
Destacar la parte que juega la herencia negra en el linaje del rocanrol nunca sale sobrando, pero es un poco en vano. Hacía falta un chico blanco que cantara esa música de esclavos con una voz sacrílega venida del alma en todos los hogares decentes, retorciendo las caderas por televisión, para que realizara su potencial. He ahí la grandeza de Elvis. Más allá de que cantara como negro, era que su canto se sublimaba por encima de las condiciones raciales y materiales en general impuestas a su existencia. Finalmente una cumbre de la tarea por la que persevera la especie humana. Por eso y por encima de los demás, siempre será El Rey.
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