viernes, 11 de octubre de 2024

La línea dura de Midnight Oil


Cada vez que Bono nos causa urticaria por su exuberancia concientizadora, olvidamos que se queda chiquito si lo comparamos con Peter Garrett. El líder de Midnight Oil no sólo introdujo en  sus letras problemas de racismo, ecología y carrera armamentista, sino que incluso saltó directamente a la arena política, llegando a ser ministro del medio ambiente en Australia. Un nuevo documental, Midnight Oil: The Hardest Line, traza la singular historia de la banda que puso a bailar al mundo con una canción de protesta: “Beds Are Burning”.

Cuesta saber con U2 qué tanto afectan las instancias políticas de su cantante al resto de los integrantes, rara vez lo acompañan en esas ocasiones. Pasa lo mismo en el caso de Midnight Oil, aunque el pleno de la banda siempre ha manifestado su respaldo sin reservas a Garrett desde la primera vez que intentó ocupar un escaño del parlamento australiano, momento en el que concentra un documental anterior, Midnight Oil: 1984, planeado durante más de 30 años, se estrenó en 2018.


A principios de la década de los 70, al guitarrista Andrew James y al baterista Rob Hirst les parecía que eso de “la tierra de los afortunados”, el lema con el cual se pretendía vender Australia al mundo, era una tremenda jalada. Formaron una banda a la que llamaron The Farm más que nada para sacudirse el aburrimiento. Les gustaba la música surf y cuando empezaron a hilar tocadas, Hirst se dio cuenta de que resultaba muy demandante aporrear los tambores y ocuparse de las responsabilidades vocales como venía haciendo. Pusieron un anuncio en busca de un cantante y Peter entró en escena. 


La energía del grupo cambia igual que su nombre. El nuevo vocalista trajo elementos progresivos y descubrieron el punk. Tocar en los pubs de Sydney te sometía a una “experiencia de selección natural”. El salvajismo de la audiencia influyó su ataque. La voz de Peter inyectaba veneno de serpiente. Siendo adolescente su casa se había incendiado, le resultó imposible rescatar a su madre y se quedó escuchando los gritos que daba mientras moría consumida por el fuego. Eso te transforma irreversiblemente. Aquellos primeros tokines de Midnight Oil herbían una caldera de euforia, cuando no de abierta furia, que cocinó su personalidad sobre el escenario.


Graban un primer disco con el legendario productor Glynn Johns que les rechazaron. Responden con la creación de su propio sello, Powderworks. Sin otro apoyo que el del público, el grupo crece y por fin conquista éxito nacional con el sencillo “Power and the Passion” en 1983. Un viaje a Japón al año siguiente marcaría su futuro. Durante una visita al museo que conmemora a las víctimas por la bomba atómica de Hiroshima, Peter, que había presenciado cómo su madre perecía calcinada, no digería que alguien fuese capaz de hacerle eso a otro ser humano. Su activismo se intensifica a partir de ese momento y el Partido por el Desarme Nuclear acaba postulándolo al senado, había rechazado la candidatura, pero acepta luego de consultarlo con sus compañeros de banda.


En este documental, The Hardest Line, uno de esos mismos compañeros ahora admite que sintió alivio cuando no ganó la elección, porque habría significado poner la banda en pausa. En cambio, se retiraron una temporada al desierto, donde la tribu warumpi les educó sobre la tierra y la cultura aborigen de Australia. También hubo un giro en “el sentido del tiempo y las cualidades espaciales” de sus canciones. La música antes caótica y con un montón de cambios en la misma pieza fue reemplazada por cadencias más apaciguadas que acentuaban la pasión. Así nació Diesel & Dust, el disco que los catapultó globalmente exponía “el absurdo de la vida del hombre blanco en las ciudades”, según describen sus creadores. Con los 12 años que tenía cuando escuché “Beds Are Burning”, apenas aprendiendo inglés y quizá porque me ganaba la hormona, yo creí que hablaba de sexo, y algo similar pensaban chavas y chavos a los que veía y todavía veo arrimar sus cuerpecitos cada que suena la infaltable rola de fiesta ochentera. Un amigo mío la odia, casi estoy seguro que se debe a esta tergiversación de impresiones. Es el peligro de combinar conciencia social y música pop, nadie pone atención a lo que dices hasta que se viene el coro. 


Nadie sale bien librado de una canción que se escucha hasta la náusea. Midnight Oil publicó otro puñado de buenos discos: Blue Sky Minning; Earth, and Sun, and Moon; Redneck Wonderland, ninguno con la repercusión de Diesel & Dust. Peter Garrett estaba cansado en los primeros años 2000 y con ganas de retomar su carrera política. Para 2007 fue nombrado ministro del medio ambiente y, posteriormente, de educación. Martin y Rob, los fundadores, sabían que no podrían seguir llamándose Midnight Oil, retomaron sus orígenes surf y fundaron The Brake. Casi una década después del parón, la banda volvió a tocar regularmente y en 2020 se cumplió el sueño de grabar con artistas de la Primera Nación australiana el miniálbum The Marrkata Project. Realizaron una gira de despedida en 2022. Alguna colega del Garret funcionario lamenta hacia el final del documental que los logros de su administración no vayan a recordarse tanto como sus canciones. Sirve para demostrarnos que el arte está hecho para durar; la política, para dudar.



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