The Worst Person in the World, nominada al Oscar 2022 como Mejor Película en Lengua Extranjera, corrobora aquel adagio consignado en el libro del profeta Ian Curtis: el amor nos separará otra vez. Lo hará innumerables veces, hasta que un día quedamos perplejos al descubrir que las decisiones que en su momento creímos tomar con plena consciencia, en realidad eran puro instinto de supervivencia emocional frente a la marea brava de la vida.
Licorice Pizza, por hablar de otra nominada, bajo la magistral dirección de Paul Thomas Anderson básicamente cuenta la típica historia de chico-conoce-chica que enfrentan tribulaciones para unirse en un amor más grande que la vida entre camas de agua y máquinas de pinball. Yo me quedo con el filme del noruego Joachim Trier, dividido en12 capítulos con prólogo y epílogo, porque deja claro la importancia de no entender lo que hacemos en la construcción del sentimiento amoroso, e igual luce bien a la vista.
Julie, una chava que ha dado bruscos volantazos vocacionales, en el umbral de sus 30 opta por ser fotógrafa debido a que la profesión viene con promesas de conocer gente interesante. Así le presentan a Aksel, dibujante de cómics independientes, que le lleva más de diez años. Después de su primer acostón, Aksel le dice que será mejor que no vuelvan a verse porque la diferencia de edades a la larga resultaría insalvable. Mientras lo vemos soltar su perorata en pantalla, no podemos sacudirnos el pensamiento de “qué tipo tan arrogante este”, y es que realmente lo está siendo. Sin embargo, la narradora en off nos informa que ese fue el momento en que Julie supo que se había enamorado de Aksel, y cuando vuelve a la habitación que había dejado instantes atrás es para vivir juntos. ¿Quién puede explicar eso? Y sin embargo, ¿por qué lo entendí tan directamente? ¿Por qué me siento tan seguro de que no debo ser el único?
Tengo un tío baterista de quien aprendí que “siempre hay más arriba y más abajo”. Él se refería a la técnica en el fino arte de aporrear tambores. Pero si eso sucede con el virtuosismo musical, ¿por qué no habría de ser lo mismo en algo que ocurre todos los días como caer perdidamente enamorado? En una fiesta, en un bar, en una galería, en una nevería, en un parque o hasta en un vagón del metro, tu chica, tu chico puede conocer a alguien más guapo, más interesante, con mejor plática, por cualquier motivo más atractivo que tú. Me ha pasado a mí, a ti, y ciertamente le pasa a Aksel cuando Julie conoce a Elvind. A veces tú eres uno; a veces, el otro.
A pregunta expresa de Aksel sobre si lo abandone por otro hombre, Julie contesta que no. Años después, le preguntará por qué lo negó. La respuesta de Julie es sincera y sencilla: “No lo sé”. El retrato de esa incertidumbre persistente en la que consiste el amor, hace que uno constantemente establezca analogías no a partir de la identificación con uno solo de los personajes, sino con varios en distintos momentos que atraviesan: el sexo juguetón, la erosión de la rutina, la discusión sobre tener hijos, la irrupción familiar en una relación, los celos de la ex que sigues en Instagram y hasta los aderezos de realismo mágico (¿quién puede discutir que el tiempo se detiene cada vez que vas a ver a la persona de tus sueños?).
Menos polarizadora que 500 Days of Summer, en The Worst Person in The World lo que separa al animal humano de otras especies es menos la razón que nuestra capacidad de rompernos el corazón unos a otros y seguir adelante.

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