sábado, 30 de octubre de 2021

La ilusión de Maradona




Para Ozamo

No sabes de nada y todos hablan de ti

Pero es así

Porque siempre estás en Fantasy…

-“Fantasy”, Charly García


Yo no sé si la ilusión se aprende. De ser así, Maradona fue mi maestro. Me enseñó, por lo menos, que esta era posible fuera de las páginas de los cómics. Antes de cruzarme con él mi único héroe era el Hombre Araña.


Y me resistí con todas las fuerzas de mi realidad. En el Mundial de España 82, prefería al brasileño Zico. Cuando llegó el 86, me caía mal y adopté el bando de sus detractores en la mano del partido contra Inglaterra. En la final, apoyé a Alemania. Pero al concluir ese encuentro, no puede más que rendirme ante su ilusión. Ver esos prodigios repetirse sobre el césped no podía ser real (al menos, no podía proceder de la realidad), si esos trucos de magia cautivaron a los aficionados más veteranos del futbol, ¿cómo no iba a caer subyugado yo, que apenas descubría el mundo? 


Esto que llamo ilusión, bien podría admitir una definición más aérea, “fantasía”; o una bien a nivel de lodo, como barrida de Diego, quien decía que “el futbol es el arte de engañar”. De aquel choque entre argentinos e ingleses en el 86 el lugar común es decir que mostró su peor y su mejor lado. Yo me atrevería a afirmar que es vida sublimada hasta sus últimas deficiencias en la ensoñación del futbol. ¿El futbol es injusto? ¡La vida es injusta! Y también es capaz de ofrecernos fugaces prodigios que parecen sacados de otro planeta y marcan la diferencia en nuestro paso por este. Celebro que ni siquiera el VAR ha podido quitarle al futbol el encanto de ser el deporte más imperfecto del mundo, el más parecido a lo que nos sucede todos los días, mientras haya espacio para la polémica, habrá un hogar para la ilusión o la fantasía. El oficio de futbolista consiste en sacar conejos de la chistera, que cada quien decida si en ello ve “trampa” o “la mano de Dios”, eso no nos revela como seres de ruindad, sino susceptibles al misterio. Diego Armando Maradona fue el ilusionista supremo, y si uso el término “ilusión” es porque puede romperse.  


“Trivial, pero maravillosa”. Según ha contado María Kodama, ese  fue el dictamen de Borges después de escuchar la música de los Beatles por primera –y muy probablemente última- vez. Un pronunciamiento que calza bien al personaje de Maradona y, si me apuran, a las máximas expresiones de cultura pop, su potencial de absurda admiración y, también, su alto grado de inevitabilidad. 


Para entendernos mejor, permítanme citar la película El camino de San Diego. Tal como otras personas han visto figuras de Cristos o Vírgenes en cochambre de sartenes o humedades en el techo, esta “road movie maradoniana” trata de un joven pobre en la provincia de Misiones que encuentra un pedazo de tronco que parece perfilar al idolatrado futbolista, por lo que emprende una peregrinación a Buenos Aires para a entregar el milagroso objeto al jugador. La historia proporciona evidencia de un momento en que una camiseta a rayas blanquiazules con un 10 estampado en la espalda era emblema de identidad, no argentina, sino internacional. ¿Recuerdan el lema de México 86? ¿El mundo unido por un balón? Bueno, Maradona lo volvió realidad. Igual que ese muchacho con su tronco al hombro, cada quien inventó su propio Maradona, lo que ha permitido desde ficciones fílmicas o literarias, murales, montones de canciones (no siempre elogiosas, busquen “Maradona”, de Nosequién y los Nosecuántos) hasta declaraciones sin duda inventivas como la de Albert Plá respecto a que Maradona le interesaba como drogadicto, no tanto como jugador de futbol.


Después, si lo desean, podemos discutir en la medida que nuestro conocimiento de la vida privada de cualquier persona y los argumentos nos lo permitan. A veces tengo la impresión de que la mayoría de los reproches a Maradona se deben a que parecía que se tomaba todo a juego. Si lo reflexionamos a la luz de Johan Huizinga en su libro Homo ludens, casi cualquier institución social cae en la categoría de juego. Y aquí es donde hasta las más joviales almas disfrazan su rencor de seriedad, porque no les moleta propiamente el juego, sino la ilusión que este provoca.


Diego habrá sido un ignorante que no sabía nada fuera del futbol. Para mí es suficiente. Frank Zappa consideraba que quienes transformaban la realidad en un espacio más extravagante nos hacían un bien a todos. Ni más ni menos valor le concedo a Maradona. Es como le comenta a Charly García en una plática que sostuvieron durante uno de sus programas de La noche del 10 : “A nosotros la gente nos eligió por amor, no nos eligió en una urna”. En medio de tanta transa y tanta farsa, eso ya es ganancia. Love is love, ¿no?


La ilusión agota las posibilidades del pensamiento. A partir de ahí, se abre un umbral que siempre permanecerá innombrado… Aunque a veces le llamamos “gol”.

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