jueves, 12 de septiembre de 2019

Noticias sobre Daniel Johnston (mail desde otra vida)


Yo creía que había estado enamorado, pero no tenía idea. Supongo que parte de lo que me gustaba de esta chica –aunque fuera más grande que yo- era que le gustaba leer los mails kilométricos y digresivos que le escribía. Y no sólo eso, ¡me los contestaba con misivas igual de extensas! ¿Cómo no iba a caer por su saeta? Después de que Yahoo Mail me borrara a la mitad y por capricho un par de mis largas cartas, adopté el hábito de guardar los mensajes en Word antes de mandarlos. Pasaron los años; el amor, como es su mala costumbre, se echó a perder; dejé de escribir mails kilométricos. Ayer, con la noticia de la muerte de Daniel Johnston, conecté un viejo disco duro. Yo buscaba música… Pero di con esto. Es apenas un fragmento (en mi defensa debo agregar: casi el texto completo) de uno de esos mails, básicamente un relato a mi manera de lo que se ve en el documental The Devil & Daniel Johnston (supongo que por ese tiempo me tenía trastornado). No me pregunten a qué quería llegar con todo el choro, yo creo que compartir las impresiones que me había dejado su música y su historia. Dejo a ustedes que juzguen si el esfuerzo valió la pena, o si la receptora del correo original tuvo razón en la fatiga de su querer.


Daniel Johnston es un santo. Me gusta iniciar los días oyéndolo cantar como en una canción infantil “Don’t let the sun fall down on your grivieance/respect love of the heart over lust of the flesh/do yourself a favour/become your own saviour” con su voz chillona, desesperada, enloquecida. Daniel sabía que un día sería famoso como los Beatles y por eso grababa casetes en la cochera de su madre que luego repartía en la calle y toda su vida la tiene documentada en casetes de audio y video. Daniel saludando “hola, soy el fantasma de Daniel Johnston y me complace mucho que hoy estén aquí para hablarles de mi condición”. Daniel discutiendo con su madre que lo llama “siervo inútil del Señor”. Daniel pidiéndole a Laurie si no podría decir al micrófono de su grabadora “te quiero, Dany”. Daniel conoció a Laurie cuando se inscribió a la carrera de arte en una universidad cerca de casa de sus papás tras haber sido devuelto de la universidad de Texas luego de manifestar su condición –qué curioso término, ¿no?, padecer una “condición”-. Daniel dice que Laurie le inspiró mil canciones y probablemente no mienta. Laurie se casó con el dueño de una funeraria y Daniel tomó Cadillac Ranch de Bruce Springsteen y le cambió la letra por “Funeral Home, Funeral Home/Going to the funeral home/Got me a casket shinny and black/I’m goin’ to the funeral and I’m never coming back”, cuando la cantó en una librería de Austin los universitarios –tan sarcásticos ellos- se cagaban de risa… pero dejaban de reírse cuando Daniel cerraba los ojos muy fuerte y apartaba las manos de la guitarra y seguía cantando como poseído, con lágrimas escurriéndosele por la regordeta cara, y se hacía evidente que ese hombre sufría. Una madrugada despertaron a un editor de Austin para preguntarle si conocía a un tal Daniel Johnston, él dijo que sí y le pidieron que acudiera al campus de inmediato. Daniel estaba desnudo en medio de un riachuelo, aventando agua con las manos y hablando del bautismo; el editor, amante de la pintura de VanGogh, hubo de pedir que lo metieran a un manicomio. Daniel salió de ahí y los güeyes de Sonic Youth se lo llevaron a Nueva York con intención de grabar y tocar. Una tarde emprendieron la típica visita por las entrañas de la Estatua de la Libertad, donde dicen que hay un acuario –no sé, yo nunca he estado-, quién sabe de dónde Daniel sacó una lata de pintura en aerosol y empezó a trazar peces en las paredes, ya sabes, el símbolo de los primeros cristianos. Los policías detuvieron a Daniel y le advirtieron que no volviera a pararse por ahí, los de Sonic Youth pagaron una fianza y decidieron que sería buena idea que Daniel volviera con sus papás. Daniel fuera de sí les replicó que si no se daban cuenta de que eso era una artimaña del demonio, que estaban siendo usados por el mal, que su misión era acabar con las legiones de Satán que hay en este mundo. Igual subieron a Daniel a un camión. Igual Daniel se bajó antes y casi mata a una viejilla que le pidió que dejara de hacer ruido mientras caminaba por la calle canturreando. Subió al edificio donde vivía la anciana y estuvo a punto de tirarla por un balcón. Daniel también casi mata a su papá. Su papá había sido piloto en la Segunda Guerra Mundial. Tenía su avionetita para no perder la práctica. Un día invitó a Daniel a dar una vuelta. Daniel leía un cómic de Gasparín en cuya portada se veía al Fantasma amigable saltando de un avión. Daniel decidió que era buen momento para intentar eso mismo. Papá dijo que no. Papá ya no era papá, era Satanás. Daniel quería terminar con las legiones de Satán en este mundo. Daniel y papá terminaron estrellándose en el campo… pero como papá había sido piloto, ejecutó una maniobra que les permitió salir con vida. Papá regresó a aliviarse a casa y Daniel al manicomio. Encerrado ahí nunca se enteró de que a Kurt Cobain, el cantante del grupo punk de moda, se la había ocurrido asistir a unos premios MTV ataviado con una playera que exhibía uno de sus diseños monstruosos. Daniel no sabía que su fama estaba creciendo. Cuando salió del manicomio el amigo que fungía de manager lo contactó para decirle que estaba en tratos con Elektra para firmar un contrato discográfico. Al amigo le costó mucho pero consiguió que Elektra le ofreciera el contacto con más concesiones en la industria para una persona que no fuera Bob Dylan: tenía en cuenta “su condición”, podía grabar cuando quisiera, las regalías íntegras de sus composiciones irían para él. Daniel no quiso firmarlo porque en Elektra grababa una banda de esbirros de Satán que temía pudieran romperle el culo: Metallica. El amigo no contuvo su enojo. Daniel pensó que él también había sido dominado por los espíritus de las tinieblas. Pero el amigo siguió comercializando las cintas por Internet. Y Daniel siguió perdido dentro de Daniel. Una mañana unos chavitos de 16 y 17 años que habían salido a tomar unas chelas en campo abierto encontraron a un hombre corpulento de más de 40 años, con la ropa desgarrada, sucio y el pelo revuelto, “hey, ¿podrían decirme cómo llego a-tal-sitio?”, uno de ellos que era fanático de la música se le quedó viendo y le preguntó: “¿qué, no eres Daniel Johnston?”. “Sí, vaya, qué bien, me conocen”. Ese mismo día Daniel y los chicos formaron una banda: Danny & The Nightmares. Daniel los atavió con camisetas de “Death to Satan” y se puso a cantar con la voz más punk que pudo rolas con títulos como “Love is for Losers” y “I Killed Satan”. Eventualmente los doctores encontraron la medicación adecuada para Daniel y él pudo tocar en Alemania y Dinamarca. Daniel actualmente vive con sus papás, que se ponen a llorar porque “él está solo y a nosotros ya no nos queda mucho tiempo”. Lo único que no le gustó a Daniel cuando proyectaron por primera vez The Devil & Daniel Johnston, el documental sobre su vida, fue “ver a mis padres llorar”. Esa misma noche, durante la premier, el productor y el director presentaron a Laurie, la mujer que había inspirado tantas de las canciones de Daniel, pero cuando lo buscaron a él nadie lo encontró. Fue hasta después, en una fiesta privada, que Daniel abrazaría a Laurie y le diría “you look like a movie star” y “let’s get married”. Laurie no sabía muy bien qué decir, así que le decía que había escuchado toda su música. Daniel se le quedaba viendo con una sonrisa gigante y no paraba de darle las gracias por ese momento al director y tomaba de la mano a Laurie que con mucho esfuerzo intentaba tener una conversación natural. Cuando MTV todavía trataba de música Daniel salió en MTV. No estaba programado, quién sabe cómo, pero salió en MTV y le mandó un saludo a un amigo de la prepa “I told you I would be in MTV!”, y cantó una canción, todo con mucha efusión, si la palabra “efusión” es la correcta aquí. Daniel roquea más que cualquier estrellita derrumbado en su cuarto de hotel con su corona de botellas de Crystal vacía y la nariz taponeada de producto colombiano. Daniel vende los dibujos que hace en hojas de cuaderno arrancadas por cientos de dólares y él no entiende muy bien por qué, aunque le gusta ser conocido. Daniel quiere hacer un cómic con Matt Groening, creador de los Simpson. Daniel hace canciones tan reales e inocentes que de verdad resulta duro escucharlo mucho tiempo, aguantar su pegada. Daniel es un miembro del Fight Club.

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