Holding my breath for the fear of sleep again
holding it up behind my head again cut in deep
to the heart of the bone again round and round
and round and it's coming apart again over
and over and over...
De "Disintegration", de la Cura
Escribe. Se levanta. Pone un disco. Vuelve a sentarse. Enciende un cigarro. Sigue escribiendo. Lo que sea para mantener la mente ocupada. Para no quedarse solo dentro de su cabeza. Si no, será como ver una chispa en una cinta de celuloide. ¡Fzzzzzzz! ¿De dónde viene nuestra maravillosa voluntad para tirarnos al vacío? De la distancia que nos separa. De querer llegar al otro lado y fracasar miserable y magníficamente en el intento. Y como no alcanzamos a tocarnos, qué nos queda más que nuestros cuerpos, arrugar la envoltura del dulce, revolcarnos en la orfandad compartida, deformarnos, volvernos rayones en un lienzo, siluetas imposibles donde ya no hay arriba o abajo sólo baba, sudor, sangre… sustancias viscosas que te dejan pegosteosos los dedos, líquidos asquerosos que te alimentan los sueños. Y como entonces descubrimos que las palabras tampoco sirven, creemos en poder comunicarnos con los cuerpos, ensayando una lengua imposible que sólo a los dioses fue dado practicar. Al final cada uno agotado, retraído a la soledad que avanza su mano fría por tus muslos en posición fetal. Entonces creemos ************** Creemos que esa intimidad compartida nos da derecho a esperar que nos cuiden, que nos oigan, que nos tengan paciencia. Nada más porque cuando llegamos aquí nos dimos cuenta que seguíamos siendo niños. Pero es el mismo simulacro: la receta para el espejismo. Precipicio revisited. Eso o claudicar a la batalla. Romper la antena a golpe de hacha. Algunos hombres son buenos sólo porque tienen miedo, dice Calamaro en una rola. Por si no fuera suficiente, qué miedo ser uno de esos. Todos en algún momento tenemos que serlo, o... o… Suena el teléfono. Se para a contestar. Ninguna voz del otro lado. Regresa frente a la computadora. Vuelve a sonar el teléfono.
holding it up behind my head again cut in deep
to the heart of the bone again round and round
and round and it's coming apart again over
and over and over...
De "Disintegration", de la Cura
Escribe. Se levanta. Pone un disco. Vuelve a sentarse. Enciende un cigarro. Sigue escribiendo. Lo que sea para mantener la mente ocupada. Para no quedarse solo dentro de su cabeza. Si no, será como ver una chispa en una cinta de celuloide. ¡Fzzzzzzz! ¿De dónde viene nuestra maravillosa voluntad para tirarnos al vacío? De la distancia que nos separa. De querer llegar al otro lado y fracasar miserable y magníficamente en el intento. Y como no alcanzamos a tocarnos, qué nos queda más que nuestros cuerpos, arrugar la envoltura del dulce, revolcarnos en la orfandad compartida, deformarnos, volvernos rayones en un lienzo, siluetas imposibles donde ya no hay arriba o abajo sólo baba, sudor, sangre… sustancias viscosas que te dejan pegosteosos los dedos, líquidos asquerosos que te alimentan los sueños. Y como entonces descubrimos que las palabras tampoco sirven, creemos en poder comunicarnos con los cuerpos, ensayando una lengua imposible que sólo a los dioses fue dado practicar. Al final cada uno agotado, retraído a la soledad que avanza su mano fría por tus muslos en posición fetal. Entonces creemos ************** Creemos que esa intimidad compartida nos da derecho a esperar que nos cuiden, que nos oigan, que nos tengan paciencia. Nada más porque cuando llegamos aquí nos dimos cuenta que seguíamos siendo niños. Pero es el mismo simulacro: la receta para el espejismo. Precipicio revisited. Eso o claudicar a la batalla. Romper la antena a golpe de hacha. Algunos hombres son buenos sólo porque tienen miedo, dice Calamaro en una rola. Por si no fuera suficiente, qué miedo ser uno de esos. Todos en algún momento tenemos que serlo, o... o… Suena el teléfono. Se para a contestar. Ninguna voz del otro lado. Regresa frente a la computadora. Vuelve a sonar el teléfono.
No hay comentarios:
Publicar un comentario