martes, 13 de octubre de 2009

Fuga del paralítico

¿Ves cómo sólo hacía falta un día de buen viento para limpiarse de melancolía? Qué fácil es enamorarse de los lugares y postergar a las personas. Un pato en el hielo trae más esperanza que los esqueletos de mis manos. Aquí ya sabes que todos te esperamos con la cara maquillada de payasos. Todo está en su lugar correcto: tú te sigues moviendo, yo me enredo en el alfabeto, como el Hombre-Araña en su capullo. Algún día el mundo será mío en un beso atómico. ¿En cuál de todas las noches? ¿En aquella recargados en un coche, campanas rotas, el director de la escuela y tu marido pedaleando piña colada, burlándose en humo escarlata? Este es el sonido de los horarios como un montón de corcholatas bajando las esclaras cling-clang-cling-tiling. Para eso sale la gente a trabajar todos los días. ¿La emoción es más rápida que el pensamiento? ¡Responda el escarabajo! Con la gloria entera de los santos y nada de la de los héroes. Mientras en la distancia reencuentras tu patria, yo me rasco el círculo hinchado alrededor de mi cuello. No debiste liberarme, sabías que volvería a cometer los mismos crímenes. ¿O fue por este jurado de pelícanos que apagaste la radio? Este maldito rocanrol que no nos deja dormir. ¿Pero entonces a qué dios le rezamos? ¿A las paredes acabadas en cromo del edificio de enfrente? Por estos días ni siquiera el vino me habla, monto un dragón asmático, como el de Cascarrabias… A ti te asusta que me acerque, a mí me mantiene despierto. Nada más que se acabó la persecución. Sólo cuido de la hierba junto a la pista de aterrizaje. No hay Princesa Amanecer. No hay pitufos para Gárgamel. Me llamo Gepetto. Total, si hasta lo que se dice al oído lo desbarata un bramido de avión. No necesito moverme para estrellarme y arder. Qué desastrosas me salen mis noches de suerte.

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