miércoles, 19 de septiembre de 2007

Tache Rock Machine

En la relación con el amigo y maestro Tachepiranha, la música siempre ha jugado un papel fundamental. Nos conocimos en el primer año de secundaria, en medio de pleno boom del “Rock en tu idioma”. Felizmente el azar quiso que Tachepiranha viviera a una cuadra de casa del eRRe y así fue como creció la amistad, recorriendo todos los días cansina y fervientemente (con ese fervor que sólo tienen los niños de 13 años) el camino que llevaba de la secundaria a nuestras casas platicando de bandas, intercambiando discos y, en buena parte, burlándonos de todos los demás. Ni modo habrá que caer en el cliché y decir que fuimos creciendo al ritmo que marcaban Espacio 59 y Rock 101, como muchos otros compañeros de generación, casi nunca WFM, sólo cuando pasaban conciertos. Nos recorrimos todo el diccionario de bandas de rock en español de la época, Radio Futura, Soda Stereo, Charly García, Sabina, Neón, Caifanes, Huizar. En el último año de la secundaria llegó el desmadre que fue el salón 37, sin saberlo sería el germen para esa potencia de conquista mundial llamada toqueyrol (golpearán su localidad próximamente).
Ya en la prepa nos tocó el apogeo del grunge y eso que por entonces llamaban música “alternativa” y ahora “indie”. Una época en que MTV todavía trataba de música y no de ver cuántos mocos se saca un pelado en una hora, con programas obligados como 120 Minutes, Headbanger’s Ball o Alternative Nation. Una época en la que los discos costaban alrededor de 70 pesos (los caros). Una época en que las tiendas Mix-up todavía no manejaba códigos de barras y discretamente podía intercambiar las etiquetas del precio de los discos para que salieran más baratos. Una época en que todos los días uno parecía sentirse emocionado por haber descubierto una banda nueva. Fueron días llenos de angustia y valemadrismo adolescente. Días llenos de alcohol y risotadas a media noche. Días agotando las calles que llevaban de Coyoacán a la Naravarte. Días llenos de Alice in Chains, Red Hot Chili Peppers, The Cure, The Smiths, Metallica, Pink Floyd, Jane’s Addiction, Beastie Boys, Rollins Band, Ministry, Ramones, Nine Inch Nails, mucho Nirvana, mucho Pearl Jam, la banda favorita de Tachepiranha. Los dos compramos Ten, el debut del quinteto de Seattle, e inmediatamente se convirtió en otro punto de identificación, cantando “Jeremy”, “Why Go”, “Black” y “Garden” llegamos a la universidad, luego de la fugaz carrera de Tachepiranha como escritor maldito, una historia que, como diría Michael Ende, debe ser contada en otra ocasión.
De nuestra época en la universidad hay muchos episodios musicales dignos de recordar. Especialmente los conciertos y sobre todo los conciertos de C.U. Uno de los primeros –si no es que el primero- en plenas islas atascadas de banda bien pacheca y cervecera. Los zapatistas recién habían emergido a la luz y con la falta de respeto político que nos caracteriza, Tachepiranha y eRRe emprendieron el fatigoso camino a la tienda por más chelas, el primero ataviado con pasamontañas y el otro pidiendo monedas para la causa –por supuesto, las caguamas. Recuerdo también el Día de Muertos en que fuimos a ver a los Aterciopelados a un bar del centro, cuando “Bolero falaz” apenas empezaba a sonar, con Andrea Echeverri desde el escenario hablando con nosotros y arrojándonos flores de xempaxochitl. La noche en que tuvimos que convencer al Pregonero y al Prisionero para que nos acompañaran a ver el Hard Rock con Eliades Ochoa y se pasaran una de las mejores noches de su vida, cerrando con don Eliades dedicándonos una canción que nosotros le habíamos pedido toda la noche y que ninguno de los demás asistentes sabía que tocaba. No menos inolvidables son las desaforadas sesiones de viniles en el cuartito trasero de su casa o la noche en que rodeado de hermanos borrachos canté “Round Here” de los Counting Crows abrazado a una bocina de su estéreo.
Cuando Pearl Jam por fin vino a México, tuve la oportunidad de ver a un Tachepiranha que pocos conocen. La tarde que llegamos al primer concierto en los Palacios de los Deportes, su mirada no era la de un tirano, era la de un niño no muy distante al que muchos años atrás yo había conocido en el salón 110 del Instituto México, llena de ilusión porque uno de sus sueños estaba por hacerse realidad, de un lado para otro, comprando camisetas, pósters… y por un momento yo también me sentí como uno de esos engendros de inocencia que alguna vez fuimos, cuando el mundo era nuevo y caminábamos entre las rosas sin pensar en las espinas.
Poco después Tachepiranha partió un año a estudiar a Alemania. Resulto que su partida se sumaba a otra muy sentida por el eRRe, pero ese fue el mismo año en que descubrió “Left and Leaving” de los Weakerthans, ese disco que habla de personas que se van y personas que se quedan, de las cosas del tiempo, le servía de consuelo para las ausencias y si bien Tachepiranha no tuvo nada que ver con dicho descubrimiento, seguramente si él no hubiera estado lejos no representaría un título tan significativo en mi fonoteca.
Luego regresó. Y abrazado a él lloré “Something I Can Never Have” en el concierto de Nine Inch Nails. Y un día llegó a proponerme que nos fuéramos a ver a Pearl Jam. Y ahí fuimos, a Praga, a Berlín, a Zagreb, el eRRe torpe como siempre, el Tachepiranha ostentando su inagotable sabiduría. Y nos apretujamos con los checos e hicimos enojar a las lesbianas alemanas y sobrevivimos a los salvajes guerreros y guerreras croatas… Y la última noche en Berlín nos deleitamos con un desfile de damas nocturnas mientras bebíamos cerveza alemana y tequila mexicano en un restaurante español. Y el mundo lucía en paz consigo mismo, y nuestras caras chorreaban cansancio y felicidad, y a nadie le importaba pensar en el día de mañana…
Ahora Tachepiranha vuelve a Alemania, esta vez por dos años. Acá la ciudad se quedará un poco más sola, pero la música seguirá sonando y no nos cansaremos de rockear en el mundo libre. Que así sea.

No hay comentarios: