lunes, 6 de agosto de 2007

Cuatro canciones de los Weakerthans...

en versión castellana del eRRe, como complemento al artículo anterior. Pueden descargar algunos mp3 de estos maestros desde su página theweakerthans.org (chéquense los vínculos del eRRE: Denle click o mueran).

Dejado y dejando

y por un momento ambos creen
que pueden escuchar a la ciudad respirar

ambos están cansados, quieren estar agotados

-Catherine Hunter

Mi ciudad aún respira (pero apenas, es verdad) a través de edificios que le faltan como dientes. Las aceras me observan pensar en ti, todas salpicadas de vidrios rotos. Estoy de vuelta con cicatrices que mostrar. De vuelta en las calles que conozco. Nunca me llevarán a otra parte que no sea aquí. Esas manchas en la alfombra, esta bebida en mi mano, estos extraños cuyos rostros conozco. Nos reunimos para nuestra prueba de vestuario y decimos “yo lo quería así” y aguardamos a que se ahogue otro año. Adelantar la primavera, el otoño que se cae. Trato de no preguntarme en dónde estás. Todo este tiempo persiste, indefinido. Alguien escogió a quien es dejado y a quien deja. La memoria se oxidará y erosionará en listas de cosas que me diste: unos cerillos, una cobija, este dolor en mi pecho, las mejores partes de Lonely, cinta de aislar y cables soldados, nuevas palabras para viejos deseos, y todas las tarjetas de cumpleaños que tiré. Espero en ritmo de 4/4. Cuento las líneas amarillas de carretera que confías habrán de conducirte a casa.

Esta es una salida de incendios nunca dejar la puerta abierta
Los faros corren hacia la esquina del desayunador. Iluminan a medias un rostro antes de desaparecer. Tú respiras cuarenta años de fracasar en describir un sentimiento. Yo expiro humo contra la ventana, trazo las letras que hay en tu nombre. Nuestras letras suenan iguales; llenas de todo nuestro cambio que es no cambiar en nada. Todas las líneas rectas alguna vez se curvan. Tú dijiste “en algún lugar hay una caja con todos los repuestos para la ternura que hemos roto o dejado oxidar. En algún lugar condescender es más que sólo una forma de marcharse. En algún lugar alguien dice “lo siento”. Alguien hace planes para quedarse”. Así que dime que está bien. Dime cualquier cosa, o enséñame que hay una palanca, inexpugnable, que te conducirá de ahí, de la oscuridad, sola, a la bondad que nunca has conocido, o conociste cuando tenías cuatro años y no puedes recordar. Donde un cuchillito corta esas torpes costuras, y el silencio sabe lo que tu silencio significa, y tus metáforas (tan revueltas como te salgan) están ligadas, como días, todas juntas. Todavía escucho trenes por la noche, cuando el viento es el correcto. Lo recuerdo todo, lamer e hilvanar este hilo que nunca te remendará o te arreglará mejor que el recuerdo del suelo de una cocina, o la salida para incendios que dejamos abierta. Y me encanta este lugar; el cielo inmenso y las caras, las manos que me acechan, entonces ¿por qué no puedo perdonar a estos edificios, a estos cuadros con un letrero de “Hogar”?

Alegato de una gata llamado Virtute
¿Por qué nunca quieres jugar? Estoy cansado de este trozo de hilo. Ahora duermes tanto como yo, y no comes casi nada. No sé con quién andas hablando –busqué en todos los cuartos pero solo encontré al polvo moviéndose en las sombras de la tarde. Y oye, ¿esas canciones amargosas que cantas? No están ayudando en nada. No te harán fuerte. Así que deberíamos abrir la casa. Invitar al minino que vive a dos puertas de aquí. ¿Podrías pedirle a tu hermana que no traiga a su basset hound? Dile a las cosas que no te pueden faltar: el gis de los casetes y el Hombre Moderno, la Guerra Fría y los Catálogos de Naipes que si pueden también vengan, a tomarse unos tragos de nena y jugar juegos de mesa. Le sacaremos la vuelta a la mentira fácil de no arrepentirnos de nada, y más tarde tal vez podrías intentar dejar tus pérdidas colgando al filo de un siglo, y hablar del clima, o de cómo acostumbraba ser el clima. Y yo los atenderé con todas las aves que pueda matar. Dejaré que sus finas plumas llenen la decepción. Recuéstate; lámete la tristeza de la piel. Ráscate el terror y empieza a creer que eres fuerte. Lo único que quieres hacer es beber y ver la tele, y francamente eso es algo en lo que no estoy muy interesado. Juro que voy a morderte con fuerza y a probar tu sangrita si no le paras a las mentiras derrotistas que has estado repitiendo desde el día en que me trajiste a casa. Yo sé que eres fuerte.

Nuestro explorador retirado (cena con Michel Foucault en París, 1961)
Sólo un trago más y luego debo emprender el camino a casa. No estoy enteramente seguro de qué está hablando usted. La pasé muy bien, pero mis perros necesitan comer. Debo decirle que con la luz adecuada le da un aire a Shackleton. Comment allez-vous ce soir? Je suis comme ci comme ça. Sí, un pingüino me enseñó francés allá en la Antártica. Yo podría mostrarle cómo las sombras colonizan la nieve. El hielo resquebrajándose en la bahía frente a la costa de Lassiter. La luz cayendo sobre el polo mientras cada meridiano conduce a sus pies congelados y golpeados. Oh, es usted muy amable, gracias por las flores y el libro de Derrida, pero debo regresar a la querida Antártica. Dígame, ¿no tendrá un barco y una docena de hombres fuertes que pueda facilitarme?

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