lunes, 6 de agosto de 2007

Cartografía cotidiana: The Weakerthans y la escritura de John K. Samson

Para Tache y M. Girl

y por un momento ambos creen
que pueden escuchar a la ciudad respirar

ambos están cansados, quieren estar acabados

-Catherine Hunter

Hay días en que deslumbra el caudal visionario de Dylan y la decadencia de Lou Reed causa indigestión. Un resplandor más exiguo ilumina la realidad tendido encima del sofá con una cerveza en la mano, luego de sobrevivir al calor del tráfico de la ciudad en donde siempre has vivido, sorbiendo la derrota de intentar cumplir con el trabajo y el otro montón de responsabilidades estúpidas que parecen llevarte a ninguna parte. A la hora en que las manchas de luz vespertina se evaporan mientras piensas en los amigos que andan lejos y en las mujeres que perdiste antes de tener, cuando es inevitable preguntarte si las cosas no irían mejor en otro sitio, sólo las canciones que John K. Samson escribe y canta en su grupo The Weakerthans ofrecen verdadero sosiego.
Puede que carezcan del sonido excéntrico que acostumbramos esperar de otras bandas canadienses surgidas en los últimos años con mayor potencial para convertirse en objetos de culto que de credibilidad (aun con Arcade Fire apelando a un sentimiento de tan inobjetable solidaridad como la condolencia en el exitoso disco Funeral). The Weakerthans ejecutan un rock de raigambre punk con tintes de música folk y americana que, si bien trasciende el estigma “emo” que han querido inflingirles, acaso quede corto para los dictaminadores del éxito masivo. Lo que no forzosamente disminuye sus posibilidades para vincularse con una audiencia, porque The Weakerthans suenan inteligentes sin sonar pretenciosos, en sentido estricto son un grupo pedestre, tocan para el ciudadano de a pie, el que no viaja enceguecido por los rayones de luz en el parabrisas.
También, y esencialmente, son un grupo de la ciudad de Winnipeg, si bien ninguna de sus canciones alude de manera explícita a ella. “One Great City!”, la cual aparece hasta su tercer disco, Reconstruction Site del 2003, el más reciente a la fecha, es la única que sí. The Weakerthans por lo general tampoco emplean el coro repetido tradicional del pop-rock, pero este tema lo tiene y dice: “Odio Winnipeg”.
Dejen escandalizarse a los defensores del orgullo cívico, quizá ésta sea una de las relaciones más íntimas que pueda establecer uno con el lugar donde vive. Simplemente tal parece que para Samson un elemento fundamental de habitar Winnipeg implica sentirse a disgusto en Winnipeg. “Siempre tuve la urgencia de marcharme. Todavía la tengo”, ha declarado en entrevista. “En realidad, se ha vuelto más parte de mí que una urgencia. Parte de la realidad de la persona que soy al vivir aquí es no querer estar aquí todo el tiempo”. De hecho Fallow, el debut de 1997, emprende un recorrido por esas calles que diagnostican “un corazón con forma extranjera”, donde “los relojes detenidos en la esquina de Albert Street avisan que tu último autobús partió hace una hora” y los revolucionarios de futón proponen matar a un miembro del Legislativo solo para prolongar la plática chelera; el sol radiante de la mañana que ordena “repasa tus líneas. Plancha tu disfraz de cuidada hechura” termina en la espera impaciente por oír que “el día diga que va a cerrar” para entonces acudir bajo el puente Disraeli donde “con corbatas de vía ferroviaria oxidada, tallaremos calles y banquetas nuevas, una ciudad para vidas pequeñas, y diremos que nos quedaremos un año más”, asidos al último reducto para la reconciliación que ofrece una ciudad de perpetua esperanza: la imaginación.
Como a García Márquez o a Rulfo, tanto impregna el terruño a Samson que termina erigiéndolo en una construcción personal de dimensiones superiores a las de la llana geografía.

“Mi ciudad aún respira (pero apenas, eso es verdad), a través de edificios que le faltan como dientes.”
Es de admirar que lo mismo el neoyorquino post-9/11 que el vecino de la colonia Narvarte puedan cantar libres de gratuidad hipócrita esta frase de la canción que da título a Left and Leaving, segundo álbum de The Weakerthans (del 2000), calificado en revistas canadienses especializadas dentro de los 10 mejores en la historia del rock de aquel país, apenas por debajo de trabajos emblemáticos de Neil Young y Joni Mitchell. Musicalmente amplían horizontes e instrumentación respecto a Fallow; guitarras slide y lap-steel, pianos, sintetizadores, órganos Rhodes y Wurlitzer, un instrumento alemán similar al xilófono llamado glockenspiel, hasta serruchos y navajas automáticas integran el entramado de una producción que por momentos alcanza electrizantes picos emotivos. Samson refina la visión, de los relatos urbanos a inspeccionar las historias ocultas en los objetos, empezando con la primera pista “Everything Must Go!”, cuyo protagonista, cual Bart en el capítulo de los Simpson que tras vender su alma oferta su conciencia y honradez (“¡es el bazar bartiano, señores, se va todo!”), despierta un sábado cualquiera dispuesto a organizar una venta de garaje que le ayude a saldar “las cuentas pendientes de mi corazón”, confiado en que con “el sofá verde vómito” se irán el “complicado boceto para un sueño de dignidad y una risa (muy ruidosa y muy larga)”. Al enterarnos que intercambia el lote completo por “una llamada de lejos con un “hola, cómo estás hoy” y una señal de que la recuperación llega para los rotos”, también descubrimos que, lejos de la estéril tarea de inventariar el mundo, a Samson le interesa desenterrar significados perdurables del polvo de los días, algo que contar de los “cuarenta años de fracasos en expresar un sentimiento” que refiere “This Is a Fire Door Never Leave Open”, cartas para la navegación cotidiana principalmente.
Left and Leaving abre con la siguiente dedicatoria-epígrafe de Alden Nowlen:
para los que pertenecen a ningún lugar
y para los que pertenecen tanto
a un lugar como para pertenecer a cualquier otro.
“Alguien escogió a quien es dejado y a quien deja”, entona Samson desde la calidez envolvente de sus limitadas cuerdas vocales. En apariencia la incógnita de ese “alguien” constituye un aspecto central del disco. Y, sin embargo, adelantándonos en la letra de la canción homónima, salta la clave. La que se va, el que se queda, ambos comparten un mismo dilema: “nuevas palabras para viejos deseos”. Los dos a su manera han quedado en un mundo roto que precisan restaurar, inventárselo de nuevo. Bajo el anhelo de partir late una añoranza por la perdida armonía entre los objetos del lenguaje y el lenguaje de los objetos sin la cual deambulamos extranjeros en cualquier tierra, atarantados, incompletos, semejantes al dibujo de las personas tiradas en la portada de Reconstruction Site, que más parecen las piezas de un rompecabezas desarmado que personas.

Esta es la declaración de principios que domina Reconstruction Site:
Para vivir y morir apropiadamente, las cosas deben ser nombradas apropiadamente. Reclamemos nuestras palabras
-John Berger
Cabe puntualizar que la cita, asimismo las de los poetas de Winnipeg Alden Nowlan y Catherine Hunter, que han aparecido en todos los discos del grupo, existen sólo para la letra impresa. Samson formó The Weakerthans luego de abandonar la banda de ínfulas socialistas Propagandhi con intención para dedicarse a escribir e integrar una editorial, oficio que denota el cuidado en la impresión de los cuadernillos que acompañan sus cd’s, como en su música, nada está de sobra: el fondo de agua con un mapa de Winnipeg en Fallow, las letras inscritas en líneas continuas, resistiéndose a la versificación artificiosa que desprende una lectura fragmentaria. Lo que en otro grupo pasaría por detalle snob, obedece aquí a una particular atención por lo indecible.
Si el disco anterior exploraba las relaciones humanas a través de la diaria interacción con los objetos, Reconstruction Site examina los objetos más cotidianos en las relaciones humanas: las palabras. O, mejor, es un álbum sobre lo que dejan fuera las palabras, hilvanado en un lenguaje lleno de dobles sentidos que inevitablemente conduce al equívoco. “Tú me dices que me joda cuando lo que necesito es alguien a quien joder”, asesta la paradójica “The Reasons”. En “Uncorrected Proofs” pensar en las palabras no escogidas detonan una crisis vital y de obra en un escritor. El angelical campeón de los negocios que en los cuernos de la luna proclama su amor al pueblo, por lo bajo arroja su “odio Winnipeg”. Curiosamente la mejor comunicación proviene del gato de “Plea from a cat named Virtue” que convierte su reclamo por la falta de atención en una oportunidad para sincerarse con su amo: “oye ¿esas canciones amargas que cantas? No están ayudando en nada. No te harán fuerte”, aprovechando para señalarle algunas costumbres que no se atreve a encarar: “Todo lo que quieres hacer es beber y ver la tele, y francamente eso es algo en lo que no estoy muy interesado”; podrían organizar una fiesta, invitar a la gatita atigrada vecina (“¿podrías pedirle a tu hermana que no traiga a su basset-hound?”), cualquier cosa que ayude a sacudirse la depresión, de lo contrario “juro que voy a morderte con fuerza y a probar tu sangrita si no le paras a las mentiras derrotistas que has venido repitiendo desde que me trajiste a la casa”, amenaza Virtud, el felino, que despide su alegato con un cariñoso voto de confianza: “Yo sé que eres fuerte”. Samson regala otros momentos de ácido sentido del humor, el encontronazo de la teoría frente a la praxis encarnado por el encuentro casual en un cafetín de París de Michel Foucault con un explorador polar que agradece al autor de Las palabras y las cosas el obsequio de un libro de Derrida, aunque preferiría un barco y una docena de hombres fuertes para volver a su querida Antártica, si alguien no aprecia la mención al padre del deconstructivismo en un disco que aborda los intersticios del lenguaje con la palabra “reconstrucción” en el título definitivamente necesita refinar su sentido del sarcasmo.
A la memoria erosionada en listas de cosas (en palabras huecas) de Left and Leaving, Reconstruction Site responde “si vuelves trae un nombre nuevo para todo”, un lenguaje donde la belleza no sea “solo otra palabra que nunca estoy seguro de cómo se deletrea”. Si tú te vas y yo me quedo, valga el viaje de ambos para por fin encontrar el camino que pase por nuestro hogar.

The Weakerthans: Los Másdébilesque… A todo esto, ¿comparados a qué son más débiles los Weakerthans? “A un martillo que pese 9 kilos. Probablemente seamos más débiles que eso”, responde al terminar de carcajearse el guitarrista Stephen Carroll. “Pero somos más fuertes que los de un kilo. Somos más débiles que un vehículo con semi-remolque pero más fuertes que un triciclo”. The Weakerthans. Anuncian su siguiente disco para septiembre de 2007, prometen un sonido más experimental en un álbum de temática menos cohesionada. Esperemos eso no implique sacrificar la congruencia demostrada en su trabajo para entrar con calzador a la moda de la nueva ola canadiense. Yo sé que son más fuertes que eso.

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