Pocas personas son capaces de un esfuerzo de emancipación semejante, de dar un salto fuera de nuestras verdades de alelados.E.M. Cioran, Ensayo sobre el pensamiento reaccionario
La Polla Records fue fundamento y lazo. Fundamento porque se trata de la primera música en la que empecé a reconocerme y lazo que me vincula con algunos de mis amigos más antiguos. Su concierto en el Teatro Blanquita al que acudí con tiernos 15 años en 1990 sigue siendo una de las experiencias más intensas que me haya tocado vivir, una de las primeras ocasiones que sentí un choque eléctrico, ese huracán en las vísceras que propicia el rocanrol por encima del mero acontecimiento musical, un parangón con el que mido el montón de tokines que han venido después.
35 años después me encuentro en la Arena Ciudad de México. Un recinto al que me había negado a venir porque me parecía situado en casa del culo (y no tanto, pero casi). Por eso no había comprado mi boleto para venir a ver a Evaristo, quien luego de que el COVID frustrara su visita planeada con la arrejuntada Polla (o lo que queda de ella) en 2020, ahora viene en plan solista con un repertorio aumentado por selecciones de material grabado con sus otras bandas: The Kagas, The Meas, Gatillazo y Tropa do Carallo. Resulta que pocas horas antes mi amigo Neto me avisó que me había conseguido acreditación, y aunque apenas hace 24 horas andaba con fiebre, normalmente no tengo tan buena suerte como para desperdiciar esta clase de oportunidad.
Ya se nota la primera diferencia. Las distancias citadinas siempre me han dado weba, aun así creo que en otra época, quizá no muy distante, habría comprado mi entrada con meses de anticipación y esperado la fecha con ansias, jamás lo habría dejado al azar. Luego de tener a los representantes de la prensa esperando un buen rato, por fin nos sueltan a nivel cancha de la arena, o sea, en la zona general que se extiende delante del escenario, lo cual me agrada, aunque me extraña, generalmente en este tipo de lugares te colocan en algún punto de las gradas, incluso noto a los fotógrafos sacados de onda, 'ora sí que los soltaron en la arena con los leones en lugar de su acostumbrado bastión seguro al otro lado de la barricada que protege al entarimado de la marabunta.
Prensa y lo que quieran, pero a la entrada me hicieron tirar los pocos cigarros que llevaba. Para mi sorpresa, lo primero que veo son sendas columnas de humo levantándose de entre la multitud, y el olor no es precisamente a tabaco, sino a la risueña reina verde venerada por Bob Marley. El concierto del Blanquita fue un reverendo desmadre, pero no lo bañaron tan dulces aromas. Lo que no podía faltar era un wey hasta el pito antes de que empezara el concierto, de plano tirado, le resultaba imposible mantenerse en pie, quién sabe qué fue de él, cuando volví de buscar una chela ya no estaba.
Casi media hora después de lo programado aparecen el Evas y sus secuaces. “¡No disfrutamos en el paro, ni disfrutamos trabajando!”. “Nuestra alegre juventud” arranca el ejercicio de demolición que durante las siguientes dos horas prácticamente no parará. Nos machacan con una implacable sucesión de mazazos extraídos de esas distintas bandas en las que Evaristo Páramos ha fungido de gritante. Las rolas que mejor me sé son las de La Polla, pero el resto de la concurrencia, en su mayoría más joven que yo, corea alegremente las demás. Este mensaje, abominable para la derecha y menospreciado por el gobierno socialista de la España ochentera que prefirió abrazarse a la frivolidad de la Movida, ha mantenido su vigencia mediante esta voz que no ha perdido un ápice de insolencia ante la autoridad del color que sea, que te clava tachuelas en el cuerpo y en la médula de esta absurda existencia. Evaristo es un resorte que nos saca de esas verdades de alelados a las que se refiere Cioran. "La solución es una cámara de gas con los políticos adentro", berrea. Nunca han existido dos bandos en oposición, sólo caos compartido y contradicciones. Y me inflamo y me arqueo mientras escupo esos versos de “Mucha muerte” -una consentida personal de Gatillazo- tan necesarios para la actualidad de este país: "Que si hay algo que no soporto es mover la cola y dar volteretas. / Perritos tontos de izquierdas falsas que cada vez los fabrican mejor. / Esta vida es la muerte, esta vida es la muerte”.
Antes de eso sentí un empujón. Era un camarada que venía agitando los brazos en un intento de armar el slam mal recibido por el resto de la banda que ahí se encontraba y literalmente lo alejaron a patadas. Paradójicamente, poco después, esa misma banda se pone a hacer su slam. De repente veo que un carnal es corrido agresivamente de la rueda, creo que el mismo del principio. En prevención de que su venganza pueda llevarme entre las patas, mejor me hago a un ladito, ya no estoy para esos trotes. En mi nueva ubicación igualmente brotan ruedas de slam espontáneas, aunque más amigables para el tostón de edad que ya me cargo.
Confieso que una de las razones por las que me abstuve de adquirir boleto era la posibilidad de violencia por estos días en que las fuerzas federales interrumpen tocadas con una Secretaría de Gobernación que se declara ignorante de tales actos. En el Blanquita hubo portazo,daños al inmueble y gente hasta en silla de ruedas se trepó al escenario. Aquí, sí, hay unos cuantos amagues esporádicos de madrizas, como cabía esperar, pero nada para alarmarse. El Evas no es dado a la faramalla de meterse a camerinos y esperar que le pidan “¡otra, otra!”. Tras un intervalo con la grabación de una suerte de rola infantil –o no sé qué- , la última parte de la embestida sigue y cuando suena la canción que da título al álbum de La Polla Records que los trajo en aquella primera y única visita a México de 35 años atrás, “Ellos dicen mierda, nosotros amén”, luego de los más de 40 azotes en la orden del día, todo ha terminado. La muchedumbre empieza a retirarse muy pacíficamente y la principal de mis preocupaciones es buscar la manera de volver a casa donde me espera mi caldito de pollo y verduras.
Hoy amanecí muy recuperado. Las tripas ya no me rugen y el demonio de la fiebre parece sometido. Pienso en lo barato que suena afirmar que a veces el único exorcismo que necesitas es un buen concierto, pero también estoy convencido de que no es mentira, al menos en mi caso. Pienso en el Aluxe y en el Carita, dos de mis amigos a los que más les habría gustado acompañarme al concierto (o eso supongo). No creo que haya superado el de hace 35 años, me faltron rolas, “Odio a los partidos”, “El avestruz”, pero eso sólo me hace sonar como tío aferrado que empieza a querer su cocol. Hay bandas que son destino, y agradezco este regalo a mi amigo Neto. Desde que murió mi madre a principios de año, he recibido dos invitaciones inesperadas a conciertos, algo que hace mucho no me pasaba, parecería que alguna intervención tiene, y también le agradezco a ella.








1 comentario:
Me enteré a la mera hora, y por la distancia yo si no fui, que chingón que fuiste al del Blanquita, gran crónica del toquín mi estimado Erre.
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