miércoles, 6 de noviembre de 2013

El Sonido Boston, por Wayne McGuire


Uno sólo puede mostrarse estupefacto ante la presunción de los Doors: ¿irrumpir en el Otro Lado? Difícil, si están aquí firmemente apoltronados. Pues queda claro que irrumpir en el otro lado no resulta sencillo. Probablemente el único grupo de rock que lo haya conseguido sea el Velvet Underground, hijos del Burroughs metálico y el Genet vestido de cuero, en “Sister Ray”, de White Light/White Heat (Verve V6-5046). Pues para irrumpir en el otro lado es necesario deslizarse por ese diminuto agujero que conecta la dimensión de las emociones humanas con la corriente en chorro de las energías superhumanas. Por supuesto, hay unos cuantos músicos estadounidenses que han irrumpido en la ionosfera, los más notables John Coltrane y Pharoah Sanders en Meditations. Pero mientras Coltrane y sus discípulos son la culminación de la Nueva Música Negra, los Velvet Underground son profetas de una nueva era, de irrumpir usando intermedia[i] electrónica. Pero basta de este estilo de pseudo-reseña, pues:
HA LLEGADO EL MOMENTO DE QUE LAS DISTORSIONES ARDAN. Con fortaleza de corazón he observado en silencio a los enanos espirituales mutilar todo lo que era sagrado. Pero he aquí que mi resignación llega a su fin y espada flamígera en mano barreré con todos esos feos tumores que en el desfile pasan por crítica musical perspicaz.
Probablemente la injusticia más flagrante que los medios de la escena musical contemporánea hayan perpetrado sea la cobertura virtualmente inexistente del Velvet Underground. Ha habido unos cuantos intentos de reconocimiento en Crawdaddy, Vibrations y Jazz & Pop, pero en general cuando los reseñistas encaran un fenómeno que no encaja en alguna de sus simplonas ranuras preexistentes optan por volcar todo su material en grupos sintéticos que se han ganado la aceptación masiva. Así pues, los Velvet Underground, que musical y mentalmente están por lo menos dos años adelantados a su tiempo, son ignorados, mientras los Doors, un grupo que artificialmente pretende ser la caótica no-entidad que domina el Velvet Underground, reciben cascadas de publicidad. Pero al final, como siempre, la verdad saldrá a la luz y el cascarón del artificio se desintegrará revelando a los Velvet Underground en el núcleo, donde siempre han estado.
Esta es una reseña sobre Velvet Underground, esta es una reseña sobre el fin del mundo, esta es una reseña sobre el Anticristo y Cristo, esta es una reseña sobre la Vida y la Muerte, esta es una reseña sobre el mañana y el para siempre. Pero primero deben subir/bajar/entrar aquí donde los aires son fuertes/débiles pero oh tan intoxicantes. O como C.S.Lewis lo describió en una notable faceta de retroalimentación burroughsiana en Esa fuerza atroz:

Abruptamente, como si algo brincase hasta él a través de distancias infinitas con la velocidad de la luz, el deseo (el salado, negro, famélico, incontestable deseo) lo cogió del pescuezo. Para quienes lo hayan sentido su mera alusión debe transmitir esa cualidad emotiva que ahora lo agitaba a él igual que una rata agita a un perro; para los demás, quizá no haya descripción que valga. Hay muchos escritores que lo describen en términos de lujuria: una descripción admirablemente iluminadora cuando se tiene y completamente errónea cuando no se tiene. No guarda relación alguna con el cuerpo. Pero es parecido a la lujuria en dos aspectos pues como a la lujuria se le encuentra en la cámara más oscura y profunda de su morada laberíntica. Y, como la lujuria, desencanta al universo entero. Todo lo demás que Mark había experimentado –el amor, el hambre, la ambición, la misma lujuria – no parecían más que leche y agua, juguetes infantiles que no valían un solo temblor de los nervios. La infinita atracción de ese objeto oscuro succionaba las demás pasiones en su interior: el resto del mundo lucía pálido, deslavado, insípido, un mundo de casamientos blancuzcos y misas blancuzcas… Estas eran las criaturas –y no dudaba que se hallaban presentes con él en la celda- de las cuales Frost había dicho exhalaban muerte sobre la raza humana y toda clase de alegría. No pese sino gracias a ello era que la terrible gravitación lo succionaba y lo jaloneaba y lo fascinaba en esa dirección. Nunca antes había conocido la fructífera fuerza del movimiento contrario a la Naturaleza que ahora lo controlaba; el impulso de revertir cualquier contrariedad y de dibujar todos los círculos en sentido opuesto a las manecillas del reloj. El significado de ciertas imágenes, de lo que Frost decía sobre la “objetividad”, de las acciones de las brujas en la antigüedad, se le aclaraba. Acudió a su memoria la imagen del rostro de Wither: esta vez no se limitó a aborrecerlo. Notó, con estremecedora satisfacción, las señales ocultas de la experiencia que compartían. Wither también sabía. Wither entendía.

Warhol también sabía. Warhol entendía… Aunque esto seguro es simplificar demasiado, ¿no? Después de todo, C.S. Lewis sólo defendía un cristianismo agonizante, ¿o no?
¿Pero por qué Bob Zimmerman le tenía un miedo del carajo a Warhol? ¿Por qué Zimmerman temía que Warhol quisiera destruirlo? No era un simple caso de “muchacho campirano conoce la gran ciudad”. Porque algo pasa, Bob, y ¿…? Pero ya estuvo bueno de crítica sarcástica. Sería mejor preguntarse, ¿por qué Bob Zimmerman se ha vuelto moralista, quizá incluso fundamentalista cristiano, en John Wesley Harding? ¿Lo recuerdan antes del accidente,[ii] cuando sus letras iban poniéndose cada vez más esquizofrénicas y chillaba horrorizado porque creía estarse volviendo “malvado”? El accidente en sí debe haberle provisto una visión del no-ser extremadamente intensa. ¿Fue por eso que se convirtió al cristianismo? Lo dudo. Por si no lo saben ahora mismo se libra una guerra y los mejores espíritus humanos se encuentran en el frente o cayendo en la batalla. La mayoría de ustedes allá fuera siguen con sus pequeñas exploraciones sin saber que el techo está por derrumbarse, pero esperen, oigo que llega un mensaje del campo de batalla: “BOLETÍN… BOLETÍN… BOLETÍN… Yo-uh-quisiera-uh-reportar un caso de circuitos sobrecargados y-um-muchos casos-uh-de insensato idiotismo progresivo… firma A. Warhol”.
Sí, Bob Zimmerman decidió alejarse del fragor de la pelea por un tiempo (fue mucho de nada), la cosa por ahí estaba poniéndose muy pesadillesca, y cuando un reseñista de Life afirma que Dylan ha desenchufado la música moderna lo que uno debe responder es ¿qué? Pues Dylan abandonó su puesto en el núcleo vital y abdicó su derecho a la acción o el diálogo significativos. Pasó del humanismo (las canciones de protesta) directamente al “nihilismo” (las canciones surrealistas esquizofrénicas) y de regreso al humanismo (las canciones morales), un humanismo más sofisticado que el anterior, pero humanismo al fin. En las artes de hoy sólo Tolkien conjunta una perspectiva cristiana honesta, lúcida y poética.
Tengo frente a mí la edición de Crawdaddy de febrero con una pretenciosa reseña de Paul Williams acerca de los Beach Boys, los Rolling Stones y el Jefferson Airplane. La reseña es una burbuja que implora un pinchazo, pero para qué tomarse la molestia. Me acuerdo de ellos en la prepa, ¿ustedes no? Intenté ponerles “Impressions” de Coltrane, una pieza de música densa y comprometida en un diálogo significativo creada por un espíritu noble que lo arriesgaba todo en el campo de batalla mientras andaban muy ocupados escuchando a los Beatles y a los Stones y con la masturbación adolescente (no puedo obtener satisfacción; ¿a esa bazofia le llaman rebelión?); ahora han aprendido algo de jerga musical y se metieron speed para la introspección y les ocupa alimentar el síndrome Beatles-Airplane-Doors o andan metidos en anticuados riffs de blues negro vía Cream, Butterfield, Bloomfield, Canned Heat o Traffic. Por Dios, ¿no se dan cuenta de que están comprometidos en crear y perpetuar la Nueva-Música de Fondo Estadounidense? Por ejemplo, Charles Lloyd es Nueva Música de Fondo Estadounidense (Dios guarde la paciencia de Frank Kofsky[iii] que vio en Pharoah Sanders a alguien que bordeaba en una transformación de pura energía espiritual). Pero está cerca la hora en que se verán forzados a descartar sus ilusiones, ya que como alguna vez gimió el Buda en la agonía de un éxtasis dionisiaco: “la intermedia será el microcosmos espiritual del mundo, la herramienta de una revolución política y espiritual en Occidente, una manifestación del siguiente salto evolutivo en la conciencia del hombre”. Lo que traducido quiere decir: “eh, que hay que ser un clavado de los medios conectado a la inconciencia colectiva del país y navegar en la marea eléctrica de la historia humana”. Lo que en una mejor traducción sencillamente significa: “la intermedia será la conciencia colectiva de la Era de Acuario”.
Pero divago. En palabras sencillas, los Velvet Underground son el grupo más vital e importante de la actualidad. Se ubican en el centro feroz del dilema del siglo XX, como Nietzsche. Ya que Nietzsche vislumbró un momento futuro en que las ciudadelas del Occidente judeocristiano se desmoronarían silenciosas convirtiéndose en polvo. En ese momento nuestras pobres almas humanas se desgarrarán con un dolor más intenso que el producido por el calor de cientos de bombas de hidrógeno. Por supuesto, hay quien ha previsto semejante dolor. (Por ejemplo, Johnny Jones me describió el siguiente sueño: Es 1982. John Lennon, amo del mundo occidental, está sentado en la cabina de control mientras los bárbaros amarillos atacan la ciudad amurallada de Occidente. Lennon, en aparente control de la situación gracias a su dinamismo y dominio de la tecnología, aprieta unos botones entre la miríada del panel que tiene delante y dispara poderosos tranquilizantes psicodélicos al enemigo. Aun así los bárbaros prosiguen el embate. Gruesas gotas de sudor brotan de la frente de Lennon. Aprieta más botones que lanzan descargas superpoderosas de imágenes para controlar el pensamiento del enemigo. Los bárbaros prosiguen su embate y con ímpetu inhumano derriban las paredes cansadas. Un horrible alarido perfora los cielos mudos cuando al Hombre Occidental le sacan los ojos y desmiembran su cuerpo, otorgándole una muerte lenta y tortuosa. ¡Pero, caray, no era mi intención invocar la amenaza del peligro amarillo!) El propio Nietzsche cayó en batalla libre de compromisos, igual que Van Gogh, Rimbaud, Artaud y tal vez Joyce y Beckett. (En nuestros tiempos esos dos oráculos, Burroughs y Warhol, siguen en pie. Y, por supuesto, Mel.[iv]) Muchos están volteando a Oriente, pero las personas íntegras saben que enfrentan un dilema de tales dimensiones que una solución como esa no resuelve (no es casualidad que Hesse haya escrito Lobo estepario después de Siddharta). Otros exploran las raíces occidentales para concretar su fin y, de nuevo, el apasionado de la honestidad sabe que las raíces fueron arrancadas y que esa solución aparente carece de relevancia para el dilema (y puesto que el Renacimiento y la Iluminación cobraron los activos de nuestro legado medieval y ahora no nos queda nada, estamos en bancarrota). En resumidas cuentas, la verdadera pregunta es ¿cómo controlar y humanizar una tecnología que crece y prolifera de forma incontrolable, una tecnología abrumadoramente deshumanizadora, cuando el valor fundacional de esa humanidad tentativa se desintegra con rapidez y cuando muy probablemente los intentos humanos por controlar semejante poder (¿quién será el programador maestro?) estén corrompidos al extremo? Y si no cuentan con una respuesta sólida para esa pregunta mejor cállense. Claro que si son unos niños de la era postnihilista, parte de la humanidad emergente que evoluciona cristalinamente, en pocas palabras Personas Cristalinas, sin rostro ni raíces, esta pregunta no se habrá presentado a su mente, les parecerá insensata. Pero la solución iónica para ustedes ahora es que se preparen, cuando la semilla principal caiga sin saberlo serán las primeras víctimas. El Planeta Tierra, que tiembla y se estremece, está bañado por una luz extraña, una luz eléctrica demoníaca. Toda la creación gime y se retuerce por el siguiente paso evolutivo. O como murmuró Confucio hace no mucho: “Dentro de 10 años seremos buscados y encontrados a través del Haikú Cósmico de la Intermedia, el Orgasmo Apocalíptico, que reverberará por todo el planeta tierra disparando la telepatía mental masiva”. Y todo este tiempo probablemente pensaron que el Velvet Underground hablaba de drogas, homosexualidad y sadomasoquismo. Pongan más atención.
Aunque probablemente anden muy atareados queriendo profundizar en los detalles del Sgt. Pepper a causa de algún astigmatismo mental, una falta de visión. Es verdad que los Beatles perciben las vibraciones del centro feroz, pero se trata de vibraciones débiles que se manifiestan en un cinismo elegante que busca una vía de escape a través de un misticismo oriental edulcorado. Musicalmente, esta desabrida odisea espiritual ha dado como resultado un costal de trucos musicales lindos producidos principalmente por George Martin tomando rasgos superficiales de música electrónica y de la India. La crítica que Jonas Mekas hace de USCO, el colectivo interdisciplinario con base en Nueva York, también es aplicable a los Beatles:

El espectáculo de USCO… es la búsqueda de una experiencia religiosa, mística. Mientras en el caso de los Plastic Inevitable (el Velvet Underground) el deseo de una experiencia mística es inconsciente, USCO la persigue de modo más consciente. Han llegado a un lugar obteniendo cierta paz, cierta introspección, y ahora están empezando a meditar. No obstante, con frecuencia me da la impresión de que el estado de meditación mística de muchos de mis amigos en los círculos psicodélicos no es en realidad el inicio de la nueva era o de la consciencia cósmica, sino la paz crepuscular de la Era del Pez, la Era Cristiana: la meditación vespertina. Con los Plastic Inevitable, por otro lado, la pista de baile y el escenario se cargan con la energía de un quiebre dramático justo antes del amanecer. Si en el espectáculo de USCO me sentí rodeado por la tradición, el pasado, los vestigios de las religiones orientales; con los Plastic Inevitable todo es Aquí y Ahora y Futuro.

Espiritualmente el único equivalente al Velvet Underground es Mel Lyman. Resulta interesante notar que ambas fuerzas producen reacciones similares en la gente: incomprensión indiferente, hostilidad vagamente comprensiva y sumisión comprensiva. El primer grupo no tiene la más remota noción de lo que sucede puesto que están muertos para el mundo; el segundo siente amenazado su pequeño ego (como el personaje que luego del más reciente recital del V.U., desconsolado y molesto, escupió: “¡apestan!” de modo muy afín a las cartas que Mel recibe de pobres diablos diciéndole que está acabado); el tercer grupo entiende que el V.U. y Mel son simplemente conductores a través de los cuales actúan fuerzas superiores y escuchan con atención.
Pero de lo que verdaderamente me interesa hablar es de la música del Velvet Underground. Esencial para esta música es el papel del bordón.[v] No el bordón grueso como un lápiz de la música de la India emitido por espíritus y sistemas nerviosos que creen haberlo descubierto y probablemente así haya sido dentro de su limitada estructura de las cosas, sino un bordón amplio como una casa, un bordón proveniente del sistema nervioso del Ciudadano del Nuevo Mundo al desplomarse en el Torbellino Cósmico. Existen dos niveles de bordón, el de octava alta y el de octava baja (que corresponden a los bordones del sistema nervioso central y del sistema circulatorio), producidos por dos sistemas nerviosos muy fuertes que pertenecen respectivamente a Lou Reed y John Cale. No siempre es posible oír el bordón, más bien se le siente como esencia pura y presencia perpetua.
Esos sistemas nerviosos producen la distorsión constante y la proyectan a través de los amplificadores convertidos en perfectas extensiones humanas; es orgánica y sale del hueco interior en sus almas; y sus almas están conectadas con la madre tierra, su energía se genera en el núcleo del planeta tierra y es enviada por sus pies hasta sus cabezas y de ahí a sus manos y amplificadores para crear una pared sónica que conforma una película de ricas y bellamente intrincadas texturas de expresionismo abstracto. En los momentos de clímax, la distorsión es un éxtasis místico suspendido en el cual el espíritu se transforma en espejo negativo de sí mismo donde las corrientes de energía entran y salen del espíritu simultáneamente a la velocidad de la luz. El único otro músico que ha estado cerca de una concepción tan profunda de la distorsión fue Jimi Hendrix en Are You Experienced? Pero como puede escucharse en Axis: Bold as Love, le faltó energía para mantener esa poderosa concepción; y al concentrarse en aspectos musicales tan superficiales como la melodía y la progresión armónica ha degenerado a nivel de músico de jazz de segunda a la Roland Kira o Yussef Lateef.
Y, por si acaso lo ignoraban, la nueva música no trata de notas y estructuras bonitas. Trata del espíritu, la energía, las presencias y los sistemas nerviosos. ¿Por qué John Cale es el bajista más pesado del país hoy en día? Porque su sistema nervioso es un aristócrata de los sistemas nerviosos, por la honda y oscura electricidad que es capaz de proyectar con su bajo y su viola. ¿Y por qué Maureen Tucker es la baterista perfecta para el V.U.? Por su espiritualidad y su sistema nervioso. No hay otro baterista en el mundo que pueda tocar el arquetípico 1234 con tal perfección, con un peso que raya el rito religioso (no necesariamente en la forma de una misa negra). Esa cualidad ritual es uno de los pilares en los que descansa la poderosa unidad estilística de los Velvets, un elemento estilístico reconocible de inmediato desde las primeras notas como si fuera el pulso machacante de un organismo similar a una máquina (nada más escuchen un compás de “The Gift”). En esencia ella desempeña el papel de Elvin Jones para el Coltrane de Lou Reed o de Sunny Murray para el Albert Ayler de Reed.
No es coincidencia que el Velvet Underground haya sido un elemento orgánico del Exploding Plastic Inevitable de Andy Warhol. El ahora extinto Inevitable permanece como uno de los ejemplos más avanzados y sólidos de arte con intermedia. Aunque producciones posteriores como Third World Raspberry de Al Rubin han alcanzado una mayor destreza técnica en el plano visual, todavía nadie ha sabido cómo transmitir un espíritu guía a través de esta forma compleja tan bien como Warhol y los Underground. Otra vez Mekas: “El Inevitable sigue siendo la expresión más dramática de la generación contemporánea: el sitio donde sus necesidades y desesperaciones quedan expuestas de manera más dramática”.
Que el Velvet Underground actualmente sea el único grupo verdaderamente intermedia del país ha quedado evidenciado por sus apariciones en el Boston Tea Party. Mientras todos los demás grupos (por ejemplo, Country Joe and the Fish en el Tea Party, los Doors en el Crosstown Bus, los Greatful Dead en el Psychedelic Market, etc.) tocan su música mientras el “espectáculo de luces” (vaya fórmula tan lamentable) hace su numerito sin que ninguno de los dos coincidan una sola vez, el V.U. provoca una fusión orgánica de imagen, luz y sonido. Dicha fusión es provocada (1) por su alto nivel de energía, (2) por la conciencia que tienen de la imagen y la luz: “tengo los ojos bien abiertos”, intenta engullir el flujo de luz/imagen del organismo mediante una visión periférica, (3) por el sofisticado uso que le dan a las proyecciones de video (por ejemplo, una noche mientras tocaban “Venus in Furs”, Lou Reed fijó la vista en una película que mostraba su rostro en acercamientos y alejamientos rítmicos, estableciendo una conexión espiral de distorsiones a través de sí mismo, la música y el flujo de luz/imagen).
Dije al principio en pocas palabras que “Sister Ray” había conseguido irrumpir en el otro lado. La pieza es un triunfo supremo en la revolución rock y un reproche a los remiendos inorgánicos del Sgt. Pepper (tener un motivo subyacente no hace que un álbum sea orgánico en lo musical), al Their Satanic Majestic Request e incluso al We’re Only in It for the Money, de las Mothers (benditos sean sus corazones). Yo sólo sé de cinco grabaciones de música estadounidense que estén a esa altura: “India” e “Impressions”, de Impressions, por John Coltrane; “Bells”, de Bells, por Albert Ayler; “D Trad, That’s What”, de Live at the Café Montmartre, por Cecil Taylor y “The Father and The Son and The Holy Ghost”, de Meditations, por John Coltrane y Pharoah Sanders (junto a cientos de intentos fallidos, siendo “Revelations” de Love una de las más burdas gestaciones malogradas entre muchas otras). “Sister Ray” se asemeja mucho a “Impressions” por tratarse de un ejercicio de estamina emocional sostenido y modal en el sentido más profundo: el modo como motivo espiritual, el modo como infinito universo musical. En cuanto a su unidad orgánica, aunque la pieza cuenta por lo menos con 12 cambios en sus17 minutos de duración, les resultará difícil identificar con claridad los puntos de transición, cada sección fluye y se mezcla bellamente con la que sigue.
Presten especial atención a las técnicas verbales de Lou Reed en este corte. Moldea y combina y estira y desarma las palabras y las frases para crear un cruce de corrientes rítmicas complejo y efectivo sin precedentes en el rock. Noten también cómo Sterling Morrison interpreta a la perfección su acostumbrada función de llenar el espacio intermedio entre Lou y John Cale.
“Sister Ray” supera a “Impressions” en la profunda estructuración de texturas que provee el trabajo al órgano de John Cale. La concepción arquitectónica de Cale es marcadamente sutil y amplia –recuerda la aproximación orquestal de Cecil Taylor al piano pero es más efectiva gracias a su austeridad electrónica (fusión y trascendencia de Taylor y Stockhausen). Cale de hecho construye un impresionante castillo de granito mediante grupos tonales alrededor de Lou, Sterling y Maureen; un lugar espléndido para vivir. Y ese maremoto de bordones que inunda las últimas secciones al principio de la pieza con un ataque aéreo de tambores explosivos: ésta es la corriente en chorro de las energías superhumanas, ésta es la dimensión que uno descubre al irrumpir. Y recuerden, “Sister Ray” no habla de inyectarse metadona, fellatio o asesinato. Más bien describe el mayor trastorno cósmico en la historia del hombre, y ustedes viven en medio de él. (Y no me refiero a disturbios menores como la Guerra de Vietnam y la crisis racial, inconsecuencias en la Era de Acuario que presenciará la callada desaparición de todos los sistemas políticos, incluidos el comunismo y la democracia capitalista, para sustituirlos con una teocracia electrónica universal).
“I Heard Her Call My Name” es también una pista destacable simplemente porque contiene uno de los trabajos de guitarra líder más avanzados que vayan a escuchar al menos por uno o dos años. Me refiero al emocionante fraseo impredecible pero preciso de Lou Reed y a la tensa línea en el límite de la difracción tonal sobre la cual camina robando el aliento. Comparen esto con la relativa blandura de las líneas marcadas por Hendrix o Clapton y creo que entenderán a qué me refiero. Asimismo, la pista contiene uno de los momentos más ricos que se hayan escuchado en la música: una pausa de silencio de una fracción de segundo después del segundo “mi mente está partida” que presagia la explosión de distorsión que se avecina.
El corte “White Light/White Heat” ilustra mejor mi anterior afirmación de que John Cale es el bajista más pesado del país actualmente. Si escuchan esta pista en un tocadiscos portátil colocando las bocinas una a cada lado de su cabeza, notarán la profundidad y resonancia con que se percibe cada nota del bajo. La mayoría de los bajistas de hoy tocan notas bidimensionales, pero John toca bloques de granito tridimensional (cuestión de entonación y densidad, no de volumen; es la misma diferencia que hay entre las botellas de Coca bidimensionales de Rauschenberg y las latas de sopa Campbell tridimensionales de Warhol), revelando un dominio absoluto de su instrumento y una penetrante conciencia de su música hasta el mínimo detalle. Su cuerpo y su mente están perfectamente afinados en sincronía con la escala del bajo, lo cual explica su capacidad para proyectar un bordón incluso cuando se limita a tocar una línea de bajo normal (sensibilidad que quizá desarrolló durante su estancia en el Theater of Eternal Music de LaMonte Young). Comenté esta cualidad tan particular a LeRoi Jones y él subrayó: “Muy profunda, muy gratificante. Especialmente esa manera que tiene de hacer thud, thud”.
En un análisis más detenido, la aparente simpleza de la línea de bajo se interna en dimensiones sutiles. Observen por ejemplo  que hay secciones de “White Light/White Heat” en las que John apenas lleva el ritmo, alterando sutilmente la infraestructura rítmica para crear una nueva y extraña tensión. Esta misma sensibilidad filosa aparece en la obertura de “European Son”, del primer álbum. Noten cómo Lou entra detrás del solo de bajo de John del principio apretando sutil pero significativamente la infraestructura rítmica.
En cuanto al resto del álbum, dejaré que ustedes mismos lo descubran. Olvídense de escucharlo en la radio porque hasta los programadores más subterráneos tienen la cabeza metida en el culo. Así que cómprense una copia. Dentro de algunos años se le reconocerá como un parteaguas en la evolución de la música universal que ahora está emergiendo. Pero, más importante aun, escuchen al V.U. en vivo. Es absolutamente indispensable si les interesa entender su mensaje íntegro, reciban todo el impacto visceral. Ni se preocupen por la posibilidad de obtener una versión rebajada del álbum, al V.U. no le hace falta ayudarse de trucos de estudio.

***

Releo lo anterior y me doy cuenta que no les he contado más que 50% de la historia. El Velvet Underground posee algo más que el dominio electrónico de un poder atroz y “Sister Ray” (que ha sido descrito como “Pan molido para el monstruo metálico de Frankenstein”) revela sólo una parte de su naturaleza. También crean música folklórica en el más amplio sentido. Particularmente en piezas más recientes que no han grabado todavía (“I’m Waiting for the Man” y “Heroin” ya ocupan cierta posición de clásicos folklóricos), Lou Reed está convirtiéndose con rapidez en un letrista incisivo, creando una mitología folklórica de la ciudad de Nueva York y de nuestra generación que suena profunda y verdadera entre el montón de torpe y dispersa imaginería artificialmente surrealista y las lecciones baratas de moralidad pseudo-mística que produce la mayoría de los grupos nuevos. Son letras que transpiran vida real y no conjeturas vacías, que revelan un lado humano y amoroso, unos sentimientos casi wagnerianos (contrario a ese comentario vulgar que un sabelotodo realizó acerca del trabajo de fúnebre belleza de la viola de John Cale en “The Story of My Life”: “Hasta quienes son perseguidos injustamente y los monstruos de apariencia inconmovible tienen sentimientos y pueden derramar una lágrima de vez en cuando”). Los V.U. bien pueden ser los herederos del trono que Dylan dejó vacante como hacedor de mitos primarios para nuestra generación. Pero eso es materia de un libro que sin lugar a dudas alguien escribirá este verano.

***

Recientemente se ha hablado y escrito mucho sin sentido sobre la existencia o no y la naturaleza de un Sonido Boston. A estas alturas debería quedar bastante claro que los Velvet Underground y Mel Lyman son el Sonido Boston. Es irrelevante que al principio el Velvet Underground haya recibido una exposición importante en su ciudad natal, Nueva York, dentro del Exploding Plastic Inevitable de Andy Warhol. Fue en Boston, por medio de las ventas de sus discos y las presentaciones en el Boston Tea Party, que empezaron a encontrar cierta aceptación y una respuesta significativa (como que les hayan robado el equipo). Carece de relevancia que los instrumentos de Lyman sean los avatares y el cine, no la música. Lo relevante es que estas dos voces son las que de mejor manera reflejan el carácter y el espíritu de las fuerzas que operan en Boston, hogar de la primera Revolución Estadounidense. Un carácter y un espíritu que en el futuro cercano harán de Boston el centro de la segunda Revolución Estadounidense, una revolución del espíritu. Un espíritu que se descubre robusto de salud y puro moralmente al rechazar, en nombre de la verdad, las falsas resoluciones: el engaño cristiano, el engaño oriental, el engaño africano y el engaño humanista. Las poderosas energías que emergieron primero en la Costa Oeste aquí están hallando su razón de ser y su dirección. Como Mel Lyman, el Velvet Underground ha emitido un "Manifiesto Creativo” trasladado al sonido:

voy a incendiar el mundo
voy a derribar todo lo que no se mantiene por sí mismo
voy a transformar los ideales en mierda
voy a meterles la esperanza por el culo
voy a reducir a escombros todo lo que está en pie
y luego voy a incendiar los escombros
y luego voy a esparcir las cenizas
y luego tal vez ALGUIEN pueda ver
ALGO como realmente es
MANTÉNGANSE ATENTOS

McGuire, Wayne. “The Boston Sound” en All Yesterday’s Parties The Velvet Underground in Print 1966-1971. Clinton Heylin (ed.) Da Capo Press. Cambridge, 2005.
Versión al castellano: eRRe



[i] Como se verá, lo que entiende el autor por este término es de naturaleza muy semejante a lo que actualmente llamamos “multimedia”. Se ha decidido, sin embargo, respetar la formulación original para subrayar el vocablo como precedente histórico que de cualquier modo describe una tecnología hoy arcaica frente a los inmensos progresos de la cibernética ineludibles ante la mención de “multimedia”.
[ii] El famoso accidente de motocicleta que Bob Dylan sufrió en 1966 y al que siguió un periodo de retiro del ojo público y silencio discográfico que se rompería hasta 19…, con…
[iii] Frank Kofsky (1935 - 1997) was an American Marxist historian and author who was a Professor of History at California State University, Sacramento, from 1969 until his death. A musician himself, Kofksy wrote several books on Jazz mainly concentrating on the avant-garde of the 1960s and the relationship between musicians and the industry on which they depend
[iv] Se refiere a Mel Lyman (1938-1978), de quien hablará más adelante,
[v] Nota musical larga y mantenida, generalmente grave, sobre la que se estructura la melodía o el conjunto de voces de una composición o canción: el bordón es muy común en la música oriental.

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