domingo, 15 de julio de 2007

Noche de flores y fantasmas

Noche de flores y fantasmas
Por Alacrán Prisionero

“Hasta ahorita es el mejor concierto del 2007, neta. Estuvo increíble”. Mane tiene 27 años y es productora de TV, y esto me lo ha dicho al filo de la medianoche, cuando Sonic Youth ha dado las gracias y desaparecido por primera vez del escenario del salón 21. “No hace mucho que los conozco, de hecho los escuché por primera vez hace como un año y desde entonces he bajado casi todas sus canciones por internet.”
Pero el performance de Sonic Youth no ha terminado. El concierto en realidad ha alcanzado su segunda parte. Una hora antes, Thorston Moore había arremetido con los acordes iniciales de “Reena”, rola incluída en su más reciente producción, Rather Ripped (2006); se sucedieron entonces las canciones de dicho álbum: “Incinerate”, “Do you belive in Rapture?”, “What a waste” y “Rats”. A semejanza de lo que sucedió en 2004 en el Circo Volador, la banda integrada por Thurston Moore, Kim Gordon, Lee Ranaldo, Steve Shelley y Jim O’ Rourke decide promover lo que hasta ahora es su disco más nuevo, y así extender aún más su culto entre quienes ahora apenas alcanzan la veintena de edad. Debido a la naturaleza del Rather Ripped el personal se prende y baila y grita y no faltan los intentos de varios ilusos para meterse al escenario y plantarle un beso a Kim. Es decir, la primera parte del concierto mostró que Sonic Youth suena más fresco que nunca, más jóven y sónico que nunca, y que por ahora las atmósferas densas y oscuras deben esperar, porque Kim se ha puesto a girar como trompo al ritmo de “Jams run free”.
Cuenta la leyenda que ese sonido tan peculiar de SY se debe a que no tenían dinero para comprar guitarras nuevas, así que utilizaban guitarras de tercera o cuarta mano, logrando afinaciones fuera de lo común, elementales, sí, pero prácticamente inéditas en la historia del rock, sobre todo del rock de Nueva York de los años 80. Desde esta orilla del salón 21 (el extremo derecho del backstage), puede apreciarse cómo han perfeccionado lo que había comenzado por mera casualidad. El sexto miembro de la banda es un muchacho encargado de proporcionar distintas guitarras a los intérpretes, pues éstos han decidido cargar con por lo menos 10 modelos distintos de liras afinadas para cada canción.
Y Sonic Youth reaparece en el escenario. Quizá el mejor álbum que han tenido toma las directrices del concierto: Daydream nation y su más emblemática rola, “Teenage riot”, canción que define muy bien el estado de ánimo que marcó toda una generación de juventudes hipersónicas. Mi viejo amigo Thurston Moore roba cámara y entonces parece que preparara al público para un rito iniciático, pues juega con pedales y loops mientras Kim Gordon se encarga de hacer vibrar el bajo frente a los amplis. Es como si dijeran: “Después de hoy tu vida ya no será igual”. Las posiciones de cada uno de los integrantes no es azarosa: Jim O’Rourke cambia de lugar con Kim y piden una nueva guitarra al chalán de la esquina para aumentar la estridencia de su joven sonido.
Lo que está sucediendo en estos momentos es una muestra de que acaso nos encontremos frente al grupo de rock más determinante –en cuanto a influencias—de los últimos 20 años. Su presencia puede escucharse tanto en el tan mentado grunge, como en Mogwai o Tool, incluso en “neopunks” como Clinic o Fugazi. Y sobre todo se encuentra en la alineación actual de Sonic Youth. Creo que nunca envejecerán.
Ya era hora de que el staff técnico del Salón 21 se pusiera a la altura de los artistas que presenta. Durante los conciertos de los Sisters of Mercy y The Cult el sonido había dejado mucho qué desear, ocasionando el enojo de dichas bandas y su apresurada desaparición del escenario. En estos momentos no hay más que decir, sino clavarse aún más en el ajedrez musical de Sonic Youth. Surgen entonces las tonadas de “Pattern recognition”, canción del Sonic Nurse (2004), un disco muy desdeñado por la crítica pero que ahora se puede sentir que también es uno de los mejores álbumes de la banda formada en NY en 1981. Thurston Moore permite que pedales y loops hacgan todo el trabajo. Kim, Jim y Lee abandonan poco a poco el escenario, pero su líder decide cotorrear con el público.
Largos e intrincados trayectos, como dilatados paseos por algúna zona de Manhattan. Itinerarios interminables que deparan escalas inesperadas. Un vuelo charter por regiones ignotas del ritmo: algo así (insito: algo así) es la poética de estos muchachos que por desgracia han abandonado el escenario definitivamente. Las vibraciones del bajo y de los loops se han quedado encerradas en el salón 21, como si aún con los pedales y amplis apagados “Teenage riot” se hubiera quedado grabada entre las paredes.

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