Una reseña de lo nuevo de Bruce Springsteen, por el eRRe
Live in Dublin
Bruce Springsteen with the Seeger Sessions Band
Columbia, 2007
Bruce Springsteen tal parece que aquí siempre nos quedará tiznado por aquel malentendido absurdo de “Born in the USA” durante la época Reagan. No importa “Sinaloa Cowboys” ni “Matamoros Banks”, sendas protestas contra la política migratoria de su país aparecidas en discos posteriores que lo muestran envejecer con dignidad. En consecuencia, a muy pocos mexicanos les importó escuchar We Shall Overcome-The Seeger Sessions, un tributo al cantante de protesta Pete Seeger que mostraba a un Springsteen revitalizado al frente de una banda tan extensa como una familia del Mississippi tocando temas tradicionales –algunos de los cuales incluso superaban los 100 años de compuestos- en exultantes aquelarres de folk, blues y sonido dixie-land que resultó una de las mejores experiencias auditivas del año pasado. Sería una lástima perderse ahora Live in Dublin, el nuevo DVD (filmado en alta definición y también disponible en doble CD) que registra una de las presentaciones en vivo derivadas de la gira de aquel álbum.
Este es un Springsteen capaz de subyugar la obcecación de sus detractores. Legendario por oficiar demoledoras celebraciones de rocanrol junto a su grupo de cabecera, la E Street Band, a través de los años no le han faltado críticas por exceso de histrionismo. Aquí, con la Sessions Band, Bruce enseña un perfil mesurado ahorrándose las largas alocuciones entre canciones y los desplantes guitarra en mano tipo héroe-clase-obrera para dedicarse a tocar, a integrarse a este crisol de la Norteamérica profunda que no pasa por el marketing de las disqueras: el contagioso bramido de unos metales en clave Nueva Orleáns, los aires montañeses del banjo, el susurro bluegrass de las guitarras, los ecos irlandeses en flautas y violines. Carnaval de raíces que recupera el sentido comunitario originalmente planeado para muchas de estas canciones contagiándolo a nivel casi físico mediante las epidemias rítmicas de "Oh, Mary Don’t You Weep", "Jacob’s Ladder", "This Little Light of Mine" o de alguna de las pocas canciones originales de Springsteen incluidas en arreglos irreconocibles ("Atlantic City" vuelta un country hillibilly, "Blinded by The Light" una bragada marcha irlandesa), desenfrenadas invitaciones al baile y la unión festiva.
Encima del escenario basta y sobra. La iluminación acompaña la música sin robarle brillo, nada de efectos especiales grandilocuentes, la electricidad ni siquiera juega un papel trascendente, al margen del concepto unplugged esto representa algo más primitivo, más esencial: seres humanos vaciándose en sus instrumentos para conjurar a los espíritus. De extra el DVD sólo incluye un par de canciones adiciones, con manjares de tal calidad pedir postre es gula.
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